domingo, 1 de abril de 2012

Cero.

Cada vez que intento entender menos lo logro, al escuchar tu voz y leer tus palabras menos te creo.

No creo tu figura, tampoco en tu sonrisa, no creo en tus pesadillas, ni en tus ojos con formas inocentes necesitados de amor y que tanto llanto cubre silenciosamente.

Escucho tus gritos y es como los políticos: no confiables.

Tampoco confío en tus pasos, tampoco en tus manos donde escondes tu cuchillo y tu armadura  bajo tu quebrada piel.

En el fondo sé y al mismo tiempo no, pero lo seguro es que ya no te creo nada.


Loser.



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Cero.

Cada vez que intento entender menos lo logro, al escuchar tu voz y leer tus palabras menos te creo.

No creo tu figura, tampoco en tu sonrisa, no creo en tus pesadillas, ni en tus ojos con formas inocentes necesitados de amor y que tanto llanto cubre silenciosamente.

Escucho tus gritos y es como los políticos: no confiables.

Tampoco confío en tus pasos, tampoco en tus manos donde escondes tu cuchillo y tu armadura  bajo tu quebrada piel.

En el fondo sé y al mismo tiempo no, pero lo seguro es que ya no te creo nada.


Loser.



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